Chicoace
Calli Xihuitl
Año Nuevo Prehispánico
12 de mazo del 2005
Chicoace Calli Xihuitl
En
el México antiguo existían varios calendarios
que servían diferentes propósitos: cómputo
del tiempo como acontecer secuencial, registro
astronómico, mapa del entramado energético,
almanaque ritual, guía de pronósticos,
anclaje histórico, entre otros más.
Los Maya fueron aquéllos que desarrollaron
los más sofisticados sistemas, como la llamada
Cuenta
Larga, las Series Lunares, el calendario de 819 días,
etc.
Sin
embargo, hay dos calendarios -el ritual de 260 días
cuyo registro se
conoce como Tonalamatl en su voz náhuatl del
centro de México, o Tzolkin en
Maya; y el solar de 365 días, llamado Xuihuitl
en náhuatl y Haab en Maya-
que fueron usados a lo largo y ancho de Mesoamérica
-zona cultural que
comprende las dos terceras partes del sur de México,
Guatemala, Bélice,
partes de Honduras y Salvador- y a través de
toda su historia.
El
calendario ritual se sigue llevando aún hasta
nuestros días entre ciertos
pueblos del sur de México y en las tierras
altas de Guatemala. El uso del
calendario solar prácticamente se ha perdido,
excepto por algunos pueblos en
Guatemala que lo han mantenido; sin embargo, aún
entre los diversos grupos
no existe una convergencia en cuanto a la fecha de
inicio de este ciclo. La
discontinuidad que sufrió la cuenta solar con
el advenimiento de la cultura
europea y la falta de un criterio unificado existente
en ese tiempo en
Mesoamérica han hecho difícil establecer
una fecha común.
No
obstante, la realidad astronómica del planeta
aunado a la información
proveniente de ciertas fuentes históricas han
dado indicios que la cuenta
solar, en tiempos antiguos, en el Centro de México
bien pudo ser el día del
Equinoccio de Primavera, que antes de la corrección
gregoriana al calendario
occidental, esta fecha caía alrededor del 11
de marzo.
Actualmente,
ciertos guardianes del calendario se encuentran usando
esta
fecha como inicio del año solar, el cual consta
de 18 meses de 20 días cada
uno más cinco días 'que no se mencionan',
'que no tienen nombre', conocidos
como nemontemi en náhuatl y Wayeb en Maya.
Cada año lleva el nombre de uno
de cuatro signos del Tonalamatl, a éstos se
les llama Portadores de Año,
cada uno de los cuales está acompañado
por un numeral del 1 al 13, y
orientado hacia un cuadrante del universo, es asociado
con un color y lo
acompaña un árbol.
Para
el Centro de México se conocen los nombres
de los portadores que
estaban vigentes en el momento de la llegada de los
españoles, pero en la
zona Maya existe una gran diversidad ya que diferentes
pueblos, aun vecinos,
llevaban distintas cuentas, y estas diferencias se
conservan hasta ahora.
Se
sabe que el año en que los españoles
iniciaron su marcha hacia
Tenochtitlan fue un 1 Acatl, 1 Caña, por lo
que podemos deducir que acaba de
terminar un año 5 Tecpatl - 5 Pedernal y el
12 de marzo, al medio día,
inició el año 6 Calli - 6 Templo.
Los
numerales que se usan para llevar tanto la cuenta
de los años solares
como la del calendario ritual son del 1 al 13, que
es el número de la
totalidad de niveles que existen entre la tierra y
los mundos superiores
dentro de la cosmogonía mesoamericana.
Para
los antepasados, la carga de cada uno de los signos
del Tonalamatl
representaba el patrón energético que
había de prevalecer en el ciclo del
que se tratara, así también, consideraban
que la carga de cada ciclo se deja
sentir tanto antes como después de iniciada
su influencia.
Año
Calli
Calli
es el tercer signo del Tonalamatl y su regente es
Tepeyollotl o
Corazón del Monte. Su rumbo es el poniente,
lugar por donde se pone el sol e
inicia su camino por el inframundo, el lugar del sueño
y el reposo, pero
también de la reflexión y la introspección;
es el lugar donde se llevaban a
cabo las pruebas que ayudan a la evolución
del ser humano.
Calli
significa Templo o Casa, pero también todo
aquello que resguarda y
protege, como acalli que es canoa o embarcación,
huacalli que sirve para
guardar alimentos, y teocalli que es donde se conserva
el conocimiento y las
cosas divinas. El cuerpo humano es también
un calli que guarda en sí la esencia humana
del hombre.
Los
cronistas españoles recogieron diversas interpretaciones
en cuanto a la
carga de este signo, muchas de ellas en aparente contradicción,
pero que
revelan la dualidad inherente a este signo. Así,
Fray Diego Durán dice que
las personas nacidas en este signo serían quietos
y prudentes, gustarían de
la soledad y el recogimiento, serían serviciales
y amados por su familia.
Por su parte, Fray Bernardino de Sahagún señala
que los seres Calli serían
personas sin escrúpulos, capaces de jugar su
suerte hasta quedar atrapados
en ella, y que caerían en las peores desgracias.
Para
la tradición, Calli representa el interior
de la cueva, el lugar de la
introspección y de encuentro con la esencia.
Su protector, Tepeyollotl es
el Señor de los Montes y las Cuevas, y como
advocación de Tezcatlipoca, el
Espejo que Humea, el que revela el verdadero rostro
de las personas y hace
que cada quien escuche su propio eco y lo vea reflejado
en el espejo de la
realidad.
El
signo Calli está marcado por la luna, el culto
al amor y el elemento
agua, por ello su fuerza radica en el conocimiento
de los ciclos lunares que
representan la capacidad de cambio y transformación.
La
carga de este signo se dice que trae consigo la necesidad
de la
purificación, de valorar lo que es de trascendencia
y dejar ir lo que no es
importante. Enseña la necesidad de la contención,
es decir, de cuidar que
las pasiones y emociones más bajas del hombre
no sean la brújula que guíe su
camino. Aunque trae consigo la oportunidad de conocimiento
y aventuras, es
necesario saber a dónde lo llevan, pues así
como la vida puede ser la
representación de la máxima expresión
humana, un Teocalli, también lo puede
ser de perdición y vicios. Ahí radica
la importancia del libre albedrío para
elegir el uso que hacemos del potencial humano y la
manera en que nos
desenvolvemos sobre la Tierra, el escenario que se
nos ha donado para
evolucionar.
No
podemos penetrar plenamente en el significado de Calli
sin comprender a
su deidad guardiana, Tepeyollotl, asociado a la Tierra,
el agua, la noche,
la fertilidad, guardián de las cuevas, los
manantiales y vigilante del
umbral de los muertos.
Para
los antepasados, el interior de las montañas
es el lugar donde se
almacena la lluvia, pero también es el lugar
de origen de la raza humana, ya
que ahí estaban depositados los huesos de las
humanidades anteriores con los
cuales se formaron los seres humanos actuales. Las
cuevas son el prototipo
del templo, pues se consideraban portales que conectan
la dimensión
terrestre con otras dimensiones, y desde donde se
puede acceder al encuentro
con las divinidades y los antepasados. Fueron las
cuevas los primeros
lugares donde se realizaron los ritos, ceremonias
y se llevaron a cabo las
iniciaciones.
Tepeyollotl
está representado por el jaguar, animal que
simboliza la tierra
ya que a su vientre regresan los seres que han muerto
y que devora al sol
que desaparece cada noche. También se le relaciona
con el cielo nocturno y
a los misterios que éste guarda y se dice que
en su piel manchada están
representadas las estrellas del firmamento.
Desde
los tiempos más remotos, el jaguar representa
el conocimiento de las
cosas herméticas, por lo que estaba relacionado
con el poder y era un nagual
o guardián hetérico muy poderoso, propio
de los sacerdotes y gobernantes. Lo
era también de Tezcatlipoca, una de las cuatro
manifestaciones primeras de
Ometeotl, origen primero y deidad creadora de todo
cuanto es y existe.
Tezcatlipoca
simboliza las cualidades de inmanencia y providencia
divinos,
pues conoce todo cuanto acontece en el mundo de los
seres humanos y
equilibra sus energías otorgando bienestar
a los de corazón humilde y
castigo a los soberbios.
En
su advocación como Tepeyollotl simboliza el
subconciente, individual y
colectivo, presente desde la más remota antigüedad,
por lo que se relaciona
con los origenes y los ancestros, de ahí su
presencia en la génesis de todos
los pueblos de Mesoamérica.
Por
las enseñanzas que están representadas
en Calli y Tepeyollotl, se
infiere que la energía de este año invita
al encuentro con nosotros mismos,
al trabajo interior iluminado por la luz del conocimiento,
donde nada queda
oculto, sino que se revela y explica.
Es
tiempo de ensoñar, valorar pero también
de elaborar las estrategias
necesarias para la consecusión de los más
altos anhelos. El jaguar
simboliza la inteligencia, la destreza y el valor
que son necesarios para
alcanzarlos. El templo interior es donde se genera
y consuma la alquimia
que lo hace posible.
Numeral
6
El
número 6 en nahuatl se dice chicuace y en maya
wak (voz que también
significa saltar, precipitarse, cosa ergida o salida).
El sistema vigesimal
usado en Mesoamérica se basa en el principio
básico del total de unidades
con que cuentan las extremidades de un humano. El
número 5 denota
completitud, como lo representa una mano, o los cuatro
puntos cardinales y
el centro, mientras que el 6 marca el inicio de un
nuevo ciclo, es la
primera unidad de un nuevo conjunto que también
llegará a su completamiento,
por ello se percibe como la energía de una
nueva semilla. Indica que es un
tiempo para iniciar proyectos, para sembrar ideas,
para realizar esos
cambios que son necesarios, pues lo anterior ya se
completó, ya se saturó.
De acuerdo al pensamiento de los antiguos, los seres
humanos somos
coadyuvantes de los dioses para llevar a cabo la creación,
por lo que las
actividades humanas son muy importantes para que el
plan divino se realice.
La energía del número seis revela ese
impulso.