1-Viviendo en el Corazón
2-Sólo
di OM
1-Viviendo en el Corazón
Drunvalo es quien presenta este workshop en todo el mundo y actualmente autoriza a realizarlo a facilitadores que lo acompañan y hacen esta practica sagrada desde los inicios .
Viviendo en el Corazón es un enfoque moderno para entrar a ese lugar sagrado en el corazón que sabios de todas las edades han identificado como la fuente de la Vida y del Amor.
Sin importar que sea "La Llama dentro del Sagrado Corazón" de Jesús, el estilo de vida de San Francisco de Asís que acercó a los animales a su lado, "viviendo en el corazón" es la misma experiencia. Este lugar sagrado en el corazón es el lugar donde toda la vida esta conectada.
Una vez que se experimenta, tu vida cambiará para siempre. Se disuelve todo lo que tu creías que era verdad acerca de la Realidad y la separación, y se expone la simple verdad de nuestra Unidad haciéndose evidente de inmediato.
.
Este taller:
- Una clarificación y expansión de el conocimiento del campo de energía humano del
Mer-Ka-Ba
- Un entendimiento mas profundo y que puedas experimentar el Espacio Sagrado en el Corazón, como ha sido presentado en el libro Viviendo en el Corazón.
En este tiempo de cambios tan rápidos en nuestras vidas, donde el medio ambiente de la Tierra está siendo amenazado, la guerra está por todo el mundo, la enfermedad invade muchas de nuestras vidas, nuestras emociones están siendo empujadas a sus limites, y tal vez mas que todo, nuestras familias y nuestras relaciones interpersonales se están rompiendo con el estrés de este mundo moderno, pero una Luz brillante y sagrada brilla en nuestros Corazones y ofrece una esperanza viviente a todo el mundo y a ti personalmente.
La Ascensión a los mundos espirituales mas elevados no es un proceso que solo los santos y las divinidades pueden lograr. Esto es para todos nosotros quienes elegimos este camino de el Corazón, aquí en la tierra, ahora. La Ascensión puede lograrse sin dejar este mundo, y mientras somos concientes de todo lo que existe en nuestra Realidad. El mundo exterior es una proyección y una creación de un mundo interior que ha sido largamente olvidado por nuestros propios Corazones.
Es una bendición acompañarte en el dulce viaje a tu corazón.
FACILITADORA: Dana Tir.
Autorizada por Drunvalo Melchizedek.
Cantar canciones y vivir en el corazón,
nos despierta a lo aún no visto
El aliento que fluye sobre nosotros crea aperturas
No podemos predecir que cantarás o cómo tocarás el tambor
Pero si podemos imaginar el círculo de Amor junto al fuego
La energía de la Madre, los perfumes,las texturas
y las estrellas reflejándose en el agua de los morteros
Las noches plenas, los días calidos,el tiempo del abrazo
Vienes a honrar la vida?
Confeccionaremos nuestros tambores con elementos naturales
Y a medida que avances en tu camino de conexión,
Los elementos y herramientas llegarán
El latido de la Tierra se expresará resonando en ti
Y sus regalos expresarán su amor
Ella siempre responde
Somos sus hijos, sus hijas...
Informes : drunvaloargentina2008@gmail.com
Solo di Om
Los
científicos la estudian. Los médicos la
recomiendan. Millones de norteamericanos, muchos de
los cuales ni siquiera tienen cristales la practican
diariamente. ¿Por qué? Porque la meditación
funciona.
Por JOEL STEIN
Un
pensamiento que no puedo anular, que sigue rondando
en mi cabeza y se interpone entre mi felicidad y yo,
es éste: ¡Qué manera de perder el
tiempo! Estoy sentado de piernas cruzadas, sobre un
cojín púrpura, con los ojos cerrados,
en una sala de yoga con 40 personas, la mayoría
de ellas mujeres atractivas en tenida deportiva. Es
todo un logro que no esté yo pensando en ellas.
O riéndome como tonto. Me he concentrado en los
sonidos externos, luego en mi respiración y luego,
supuestamente, sólo en la realidad presente de
mi estado físico; un estado físico que
cada minuto se concentra más en la falta de irrigación
sanguínea en mi pie derecho. Pero lo dejo pasar,
y luego dejo ir los pensamientos sobre los bombones
que me rodean, y luego dejo ir el pasado y el futuro,
y luego, mis preocupaciones sobre cómo escribir
este artículo. Y por unos breves instantes, lo
logro. Veo algo así como la oscuridad infinita;
siento como si me separara de mi cuerpo y como si estuviese
a punto de quedarme dormido. Pero estoy completamente
despierto. Se siente bien. E inmediatamente después
tengo esta epifanía: podría estar viendo
televisión.
Después
de 20 minutos hacemos una pausa para tomar un recreo.
Cosa que me sorprende, porque jamás habría
imaginado que sentarse sobre un cojín fuera una
actividad que necesita recreos. Antes de recomenzar,
nuestra instructora, Sharon Salzberg, cofundadora de
Insight Meditation Society (Sociedad de Meditación
Insight) de Barre, Massachussetts, y autora de Faith:
Trusting Your Own Deepest Experience (Fe: Confianza
en su propia y más profunda experiencia), nos
da la oportunidad de hacer preguntas o comentarios.
Cuatro de ellos se refieren a la respiración:
“Me cuesta mucho concentrarme en la respiración.
La encuentro muy complicada”, se queja una mujer, “Es
decir, la respiración debe ser lo más
difícil que hacemos”. Por un par de segundos
pienso en esperar afuera y burlarme de todas ellas.
Pero
sin importar cuán ridículas puedan parecer,
la ciencia moderna dice que estas chicas me llevan la
delantera. Por un lado, probablemente me sobrevivirán
por una buena cantidad de años. No sólo
hay estudios que demuestran que la meditación
fortalece su sistema inmunológico, sino también
se les han practicado scanners que sugieren que la meditación
podría estar mejorando las conexiones nerviosas
en sus cerebros para reducir el estrés. Entretanto,
los escépticos han pasado a ser la minoría.
En la actualidad, diez millones de adultos norteamericanos
dicen practicar algún tipo de meditación
en forma regular; dos veces más que una década
atrás. Hoy en día las clases de meditación
están llenas de norteamericanos comunes y corrientes
que no poseen cristales, que no están suscritos
a las revistas New Age y que ni siquiera viven en Los
Angeles. Para aquellos profesionales trabajólicos
y competitivos convencidos de que sus vidas son mucho
más estresantes que las de los antiguos granjeros,
que se dedicaban a ordeñar vacas, hacer jabón
y revolver mantequilla, la meditación es el baño
de burbujas de la gente inteligente.
Y
ya no necesitan salir en busca de algún gurú
barbudo que vive en medio de un bosque para practicarla.
De hecho, cada vez es más difícil evitar
la meditación: se ofrece en colegios, hospitales,
bufetes de abogados, edificios fiscales, empresas y
prisiones. Los aeropuertos cuentan con salas de meditación
debidamente señalizadas, junto a las capillas
religiosas y las cabinas de internet. La meditación
fue el tema central de un curso en West Point, de la
edición de Harvard Law Review publicada en la
primavera de 2002, y de más de una charla motivacional
dictada por Phil Jackson, entrenador de los Lakers,
en el mismísimo camarín. En los colegios
universitarios Maharishi de Fairfield, Iowa, que comprenden
universidad, enseñanza media y enseñanza
básica, todos los alumnos de básica meditan
juntos dos veces al día. Las visitas al Centro
Shambhala Mountain, en Colorado Rockies, un descomunal
y llamativo campus que hace pensar en una especie de
Tibet dominado por el magnate de los casinos Steve Wynn,
han aumentado de 1.342 en 1998 a un total proyectado
para este año de 15.000 visitantes. Los hoteles
Catskills en Nueva York se están transformando
tan rápidamente en refugios de meditación
que el Borscht Belt ha sido rebautizado como Buddhist
Belt. Y, tal como ocurre con cualquier gran tendencia
norteamericana que llega a ser portada del TIME, muchos
de estos meditadores son famosos. Tenemos, por ejemplo,
a Goldie Hawn, Shania Twain, Heather Graham, Richard
Gere y Al Gore, si es que aún puede considerarse
famoso.
Pero
este interés actual tiene tanto de medicinal
como de cultural. Cada día más medicos
recomiendan la meditación como un método
para prevenir, disminuir o al menos controlar el sufrimiento
en enfermedades crónicas como las dolencias cardíacas,
el SIDA, el cáncer y la infertilidad. También
se utiliza para restablecer el equilibrio en los casos
de disturbios psiquiátricos como la depresión,
la hiperactividad y el déficit atencional (ADD,
de su nombre en inglés). En una combinación
de misticismo oriental y ciencia occidental, los medicos
están recurriendo a la meditación no por
seguir la moda ni porque piensen que es lo ‘top’, sino
porque los estudios científicos están
empezando a demostrar que funciona, especialmente en
enfermedades relacionadas con el estrés. “Durante
30 años la investigación sobre la meditación
nos ha mostrado que funciona maravillosamente bien como
antídoto para el estrés”, dice Daniel
Goleman, autor de Destructive Emotions (Emociones Destructivas),
una obra que recoge la conversación entre el
Dalai Lama y un grupo de neurocientíficos. “Pero
lo más emocionante de las nuevas investigaciones
es cómo la meditación puede entrenar la
mente y reestructurar el cerebro”. Pruebas realizadas
utilizando las más sofisticadas técnicas
visuales sugieren que realmente puede reprogramar el
cerebro, cambiando el punto al cual la congestión
vehicular, por ejemplo, hace hervir la sangre. Además,
comparado con una cirugía, sentarse en un cojín
es bastante más barato.
A medida que la meditación se desmistifica y
se masifica, los métodos se vuelven más
modernos. Hoy en día se queman menos inciensos,
pero se conservan vestigios de la filosofía budista:
la creencia de que sentarse diariamente en silencio
entre10 y 40 minutos, concentrándose activamente
en la respiración o en una palabra o en una imagen,
permite autoentrenarse para centrarse en el presente,
por sobre el pasado y el futuro, trascendiendo la realidad
al aceptarla en tal como es. En sus formas más
modernas y americanizadas se ha eliminado el tétrico
mantra que exigía memorizar una frase o sílaba
secreta. En lugar de ello, el objetivo es concentrarse
en un sonido o en su propia respiración. Es una
práctica de repetición descubierta en
algún lugar de la historia de la mayoría
de las religiones. Hay docenas de aderezos, desde la
Respuesta de Relajación hasta el gtum-mo, una
técnica que practican los monjes tibetanos en
sesiones de ocho horas, que les permite elevar la temperatura
de su médula corporal lo suficiente como para
superar las contaminaciones mundanas o, lo que es aun
mejor, para transportarlos hasta sentir sus cuerpos
envueltos en tibias sábanas en medio del intenso
frío de los Himalaya.
El cerebro, al igual que el cuerpo, también experimenta
cambios sutiles durante la meditación. Los primeros
estudios científicos, realizados en los 60s y
70s, probaron básicamente que los meditadores
están realmente concentrados. En India, un investigador
llamado B.K. Anand descubrió que a través
de la meditación los yogis podían entrar
en un trance tan profundo que no mostraban reacción
alguna si se les tocaba la piel de los brazos con tubos
de ensayo calientes. En Japón, el científico
T. Hirai demostró que los meditadores Zen se
concentraban tanto en el momento que jamás pudieron
habituarse al tick tack de un reloj (la mayoría
de la gente termina por ignorar el sonido, pero los
meditadores seguían escuchándolo por horas).
Otro estudio mostró que los meditadores experimentados,
a diferencia de los tiradores, no se sobresaltan ante
el sonido de un disparo. Curiosamente, nada de esto
ha sido utilizado para un show de Las Vegas.
En
1967, el Dr. Herbert Benson, profesor de medicina de
Harvard Medical School, temeroso de parecer demasiado
raro, esperó hasta muy entrada la noche e infiltró
a 36 meditadores trascendentales en su laboratorio para
medir su ritmo cardíaco, su presión sanguínea,
la temperatura de su piel y su temperatura rectal. Descubrió
que mientras meditaban utilizaban un 17% menos de oxígeno,
su ritmo cardíaco disminuía en tres latidos
por minuto, y sus ondas cerebrales theta _aquellas que
aparecen justo antes de dormir_ aumentaban sin entrar
en el patrón de ondas cerebrales correspondiente
al verdadero sueño. En su best seller publicado
en 1970 The Relaxation Response (La Respuesta de Relajación),
Benson, fundador de Mind/Body Medical Institute (Instituto
Médico Mente/Cuerpo), aseguraba que los meditadores
neutralizaban el tipo de respuesta pelea-o-arranca inducida
por el estrés y alcanzaban un estado de mayor
calma y felicidad. “Todo lo que he hecho”, dice Benson,
“es darle una explicación biológica a
técnicas que la gente ha venido utilizando durante
miles de años”.
Varios
años antes, el Dr. Gregg Jacobs, profesor de
psiquiatría de Harvad Medical School y colega
de Benson, registró EEGs de un grupo de individuos
a quienes se les había enseñado a meditar
y los de otro a quienes se les habían entregado
libros grabados en cintas para que se relajaran. Después
de unos meses, los meditadores producían muchas
más ondas theta que los que escuchaban las grabaciones.
Ellos básicamente desactivaban las áreas
frontales del cerebro que reciben y procesan la información
sensorial. Al mismo tiempo, ellos lograban disminuir
la actividad en el lóbulo parietal, una sección
del cerebro ubicada cerca de la parte superior de la
cabeza que permite la orientación espacio-temporal.
Al bloquear el lóbulo parietal es posible perder
el sentido de los límites y sentirse más
“conectado” con el universo. Esto probablemente se siente
bastante menos aburrido que cuando uno trata de explicárselo
a los amigos.
Los estudios sobre los cerebros meditadores se volvieron
mucho más sofisticados tras el descubrimiento
de las imágenes cerebrales. O tal vez no. En
1997, Andrew Newberg, neurólogo de la Universidad
de Pennsylvania, preparó un grupo de meditadores
budistas para inyectarles, por vía intravenosa,
un medio de contraste radioactivo que él esperaba
pudiera rastrear el flujo sanguíneo en el cerebro,
destacando las partes más activas. Pero la única
forma que Newberg tenía para registrar el momento
exacto en que ellos alcanzaban su peak meditativo era
sentarse en la habitación contigua, atar una
cinta a su dedo, deslizar el otro extremo de la cinta
por debajo de la puerta y ubicarla junto a los meditadores.
Al alcanzar el Nirvana de la meditación, ellos
tirarían de la cinta y Newberg daría paso
al medio de contraste para que ingresara a la sangre
de los individuos. Sus resultados demostraron que el
cerebro no se bloquea mientras se está meditando,
sino que impide el paso de información al lóbulo
parietal. Paralelamente, Benson reunió un grupo
de experimentados Sikhs que podían meditar aunque
una máquina fMRI estuviese hacienda un ruido
infernal, y midió el flujo sanguíneo de
sus cerebros. En general, el flujo estaba bajo, pero
en ciertas áreas, incluyendo el sistema límbico
(que genera emociones y recuerdos y regula la frecuencia
cardíaca, el ritmo respiratorio y el metabolismo)
estaba alto.
En
la Universidad de Wisconsin, Madison, Richard Davidson
ha utilizado las imágenes cerebrales para mostrar
que la meditación traslada la actividad en la
corteza prefrontal (justo detrás de nuestra frente)
del hemisferio derecho al izquierdo. La investigación
de Davidson sugiere que al meditar regularmente el cerebro
cambia su orientación del estresante modo pelea-o-arranca
a uno de aceptación, y este cambio aumenta los
niveles de satisfacción. Las personas con una
disposición negativa tienden a tener una orientación
prefrontal-derecha. Quienes tienen orientación
prefrontal-izquierda son más entusiastas, tiene
más intereses, son más relajados y tienden
a ser más felices, aunque tal vez este sea un
estado menos real.
Los estudios sobre meditación entraron en la
era moderna en marzo de 2000, cuando el Dalai Lama se
reunió en Dharamsala, India, con psicólogos
y neurocientíficos entrenados en occidente, y
exhortó al Instituto Mente y Vida a organizar
estudios en maestros de la meditación de avanzada
técnica utilizando tecnologías visuales
de punta. Los resultados de este estudio se sometieron
a discusión en septiembre en una conferencia
en el MIT (Massachussetts Institute of Technology /
Instituto de Tecnología de Massachussetts), donde
se planificarían además las siguientes
etapas de la investigación. Estos estudios no
sólo permitieron tener una comprensión
más detallada de la forma en que el cerebro funciona
durante la meditación, sino que también
proporcionaron una serie de interesantes tomas de los
monjes vistiendo electrodos.
A
través de estos estudios, los científicos
están descubriendo que, con suficiente práctica,
las neuronas del cerebro se adaptarán a la actividad
directa en esa zona frontal orientada a la concentración.
Para esto fueron entrenados los samurais y los pilotos
kamikaze, y es lo que predica Phil Jackson: aprender
a estar totalmente concientes del momento. “La meditación
es como la gasolina”, asegura Robert Thurman, director
de Tibet House (y padre de la actriz Uma Thurman). "En
Asia la meditación era una especie de herramienta
natural que cualquiera podía utilizar. Deberíamos
considerarla como algo independiente del ser budista."
De
hecho, la tendencia apunta cada vez más a separarla
del budismo. Junto con las más oscuras técnicas
Zen (como sentarse durante horas en posiciones que me
parecen francamente dolorosas, y luego pedir que te
golpeen con una varilla si comienzas a sentirte adormecido),
los norteamericanos están probando el Vipassana
(que comienza por concentrarse en la respiración),
la meditación en movimiento (se inicia caminando
muy lentamente para luego estar hiperconciente de cada
paso), la Meditación Trascendental (o MT, que
consiste en repetir una sílaba en sánscrito
una y otra vez), el Dzogchen (cultivar una conciencia
clara, pero semi adormecida) e incluso la danza trance
(girar durante una hora con los ojos vendados al ritmo
de la música). Y a comienzos del próximo
año se publicará el libro Eight Minutes
That Will Change Your Life (Ocho Minutos que Cambiarán
su Vida). En él, su autor, Victor Davich, defenderá
la forma más norteamericanizada de meditación:
una práctica diaria que según él
toma solo ocho minutos. El tiempo exacto que la vida
moderna nos permite concentrarnos, ya que corresponde
al tiempo que hay entre los comerciales de la televisión.
En
su obra 365 Nirvana Here and Now (365 Nirvana Aquí
y Ahora), próxima a publicarse, Josh Baran afirma
que cuando su cerebro divaga sin un objetivo claro y
en una forma no meditativa _eso que nos pasa cuando
hemos leído 5 páginas de un libro sin
entender nada_ él se siente muy incómodo.
Roger Walsh, profesor de psiquiatría, filosofía
y antropología de la Universidad de California,
en Irvine, ha estado estudiando en qué medida
los meditadores pueden controlar sus estados psicológicos.
“Sólo en los últimos años la psiquiatría
occidental ha reconocido la existencia del déficit
atencional, pero las tradiciones meditativo-comtemplativas
han sostenido durante miles de años que todos
sufrimos algún tipo de ADD (attention-deficit
disorder), sólo que no lo reconocemos" "Es
el tipo de déficit atencional humano elemental
que nos hace difícil seguir leyendo un párrafo
si éste no termina con un chiste.
Los
psicólogos están intentando descubrir
si la meditación puede reprogramar mentes con
inclinaciones antisociales. Un estudio realizado en
Kings County North Rehabilitation Facility (Centro de
Rehabilitación Norte de Kings County), una cárcel
cerca de Seattle, hizo que los prisionesros condenados
por crímenes no violentos relacionados con el
consumo de drogas o alcohol practicaran la meditación
Vipassana 11 horas al día, durante 10 días,
alternando meditaciones en movimiento con meditaciones
sentados. Ellos fueron elegidos porque necesitaban imperiosamente
una rehabilitación y porque, en realidad, ¿quién
más estaría dispuesto a resistir sesiones
de 11 horas de meditación? Aproximadamente el
56% de los recién iluminados prisioneros regresaron
a la cárcel en los siguientes dos años,
comparado con un 75% de reincidencia en los no meditadores.
Los convictos meditadores también usaban menos
drogas, tomaban menos y experimentaban menos depresión.
En la Universidad de Cambridge, John Teasdale descubrió
que la atención ayudaba a los pacientes con depresión
crónica, reduciendo su tasa de recaídas
a la mitad. Durante casi toda su vida, Wendy Weisel,
hija de dos sobrevivientes del Holocausto y autora de
Daughters of Absence (Hijas de la Ausencia), tomó
medicamentos contra la ansiedad, hasta que hace dos
años comenzó a meditar. “La diferencia
es asombrosa. No se necesitan medicamentos para la depresión
ni para la tensión. Por primera vez en mi vida
no estoy tomando medicamento alguno”.
La felicidad y la paz interior son agradables, pero
piensen cuántos norteamericanos comenzarían
a meditar su pudiéramos convencerlos de que vivirían
más sin tener que trotar ni comer brócoli.
Hace más de una década, el Dr. Dean Ornish
insistía en que la meditación, junto con
el yoga y las dietas, revertía la obstrucción
de las arterias coronarias. En abril de este año,
en una reunión de la Sociedad Norteamericana
de Urología, anunció su más reciente
descubrimiento: la meditación puede disminuir
el cáncer a la próstata. Si bien estos
resultados son interesantes, hay que considerar que
los pacientes también practicaban yoga y hacían
dieta. Jon Kabat-Zinn, quien estudió budismo
en los años 60 y fundó la Clínica
de Reducción del Estrés en el Centro Médico
de la Universidad de Massachussets en 1979, ha intentado
descubrir pruebas más científicas de los
poderes curativos de la meditación.
Durante
años Kabat-Zinn ha ayudado a más de 14.000
personas a manejar el dolor sin medicamentos, enseñándoles
a concentrarse en cómo se siente su dolor y en
aceptarlo en lugar de luchar contra él. “Ellos
padecen de cáncer, SIDA, dolor crónico”,
comenta. “Si pensamos que podemos hacer algo por ellos,
estamos en serios problemas. Pero si cambiamos el enfoque
y consideramos posible que ellos sean capaces de hacer
algo por sí mismos y les damos herramientas poderosas
para lograrlo, la situación puede cambiar de
manera sorprendente”.
Últimamente
Kabat-Zinn ha estado estudiando un grupo de pacientes
con soriasis, una enfermedad a la piel incurable que
a menudo es tratada enviando a los pacientes al hospital,
donde deben ponerse gafas protectoras y pararse desnudos
en una calurosa cabina bajo una intensa luz ultravioleta.
Al parecer, mucha gente considera que este método
es estresante. Rabat-Zinn decidió entonces elegir
al azar a la mitad de esos pacientes y enseñarles
a meditar para reducir sus niveles de estrés
mientras estuvieran en la cabina de luz. En dos experimentos,
la piel de los meditadores mejoró cuatro veces
más que la de los no meditadores. En otro estudio,
realizado junto a Richard Davidson, de Wisconsin, Rabat-Zinn
aplicó inyecciones de influenza a un grupo de
meditadores novatos y a un grupo de no meditadores,
y luego midió los niveles de anticuerpos en su
sangre. Los investigadores midieron también su
actividad cerebral para ver en qué medida la
actividad mental de los meditadores pasaba de la zona
derecha a la izquierda. Los meditadores no sólo
registraban más anticuerpos cuatro y ocho semanas
después de recibir las inyecciones, sino que
aquellos en quienes la actividad cerebral había
cambiado más hacia el lado izquierdo tenían
aun más anticuerpos. Según Zabat-Zinn,
mientras mejor sea su técnica para meditar, más
saludable será su sistema inmunológico.
Y
las pruebas continúan aumentando. Un estudio
demostró que las mujeres que meditan y utilizan
la imaginación dirigida tienen niveles más
altos de células inmunológicas para combatir
tumores de mama. Muchos otros estudios, incluso anteriores
a éste, han establecido que la meditación
puede reducir significativamente la presión sanguínea.
Considerando que el 60% de las visitas al medico tienen
su origin en dolencias relacionadas con el estrés,
esto no resulta sorprendente. Como tampoco es sorprendente
que en ocasiones la meditación se utilice para
reemplazar el Viagra.
Pero
la meditación hace algo más que disminuir
el estrés; ella trae armonía y aumenta
la concentración. Tal como lo demostraron los
Beatles en 1968 cuando visitaron al Yogi Maharishi Mahesh
Yogi en su ashram en los Himalaya (lo habían
conocido en Londres en 1967), la meditación puede
también darnos una muy necesaria trascendencia.
Fue
David Lynch, otro discípulo de Maharishi, quien
12 años atrás, en los estudios de su particularmente
bizarra serie Twin Peaks, motivó a la actriz
Heather Graham para inciarse en la meditación.
"Es fácil pasar una buena cuota de tiempo
preocupada y obsesionada, pero la meditación
me posiciona en un lugar alegre”, dice Graham, quien
habitualmente medita durante 20 minutos en la mañana
y otros 20 en la tarde. “Al final del día, todo
ese asunto de ser estrella no significa nada.
La
Meditación Trascendental nos recuerda que lo
importante es cómo nos sentimos por dentro. Si
tenemos eso, lo tenemos todo”. Lynch, quien también
dirigió Eraserhead and Blue Velvet, lleva 30
años sentándose a meditar durante 90 minutos
dos veces al día. “Estando en niveles muy, muy
profundos de conciencia se me ocurren más y mejores
ideas”, dice Lynch. Imagínense las locuras con
las que podría salir Lynch si meditara cuatro
horas al día.
Goldie
Hawn dice llevar 31 años parcticando la meditación.
En su casa tiene una habitación especial para
meditar, llena de sus cristales favoritos, flores, incienso
y fotos del Dalai Lama y la Madre Teresa. Ella medita
por los menos 30 minutos dos veces al día. “¿Cómo
puedes aprender a reconocer tus emociones destructivas?,
pregunta Hawn. “Sólo siendo capaz de sentarte
en silencio y de poner tu mente en silencio”.
Los
fanáticos más novicios definitivamente
no quieren cristales. Eileen Harrington, quien dirige
el inflexible grupo de fraude al consumidor de la Comisión
de Comercio Federal en Washington, invitó a un
orador especializado en meditación para que hiciera
una presentación después del 11 de septiembre.
Aproximadamente la mitad de su equipo continua practicándola.
Bill Ford, presidente de Ford Motors, medita. El antiguo
jefe del súper secreto MI-5 inglés también
medita. Hillary Clinton está considerando meditar,
y los Gore son conversos. “Ambos creemos en el poder
de la oración, y a menudo rezamos juntos. Pero
la meditación _a diferencia de la oración_
me parece altamente recomendable”, dice el hombre que
casi fue nuestro Presidente. En todo caso, el mantra
de la MT de Gore no es Florida, como cuentan los rumores.
Si
bien yo no medito tan religiosamente, sé a qué
se refiere Gore. Hacer un alto en nuestras sobresaturadas
vidas para redescubrir el presente es una actividad
que vale la pena. Y sentí una notoria diferencia
cuando, en mi somnolencia postmeditativa, pude caminar
por las calles, híper conciente de mi entorno,
como con el poder de un superhéroe no muy útil.
Incluso pude hacer que mi cuerpo no necesitara ir al
baño, concentrándome en mi vejiga y aceptando
que estaba llena. Aunque no estoy muy seguro que eso
haya sido beneficioso para mi salud. Pero si yo no fuera
una de las pocas personas que conozco que necesitan
estar más activas y menos estáticas _yo
podría usar una clase para entrenar la rabia_
meditaría más. Y si alguna vez debo enfrentar
algún trauma o enfermedad, creo que recurriré
a la meditación Después de todo, para
eso la inventaron los budistas, porque ellos creen que
la vida inevitablemente conlleva sufrimientos. Mi única
objeción es que ellos plantearon esta idea del
sufrimiento antes que se inventara la televisión.
Reportaje
de David Bjerklie, Alice Park y David Van Biema/ Nueva
York, Karen Ann Cullotta/Iowa y Jeanne McDowell/ Los
Angeles