La
relación de Leonardo con el agua.
El
punto uno detalla los pasos a seguir para acceder al
formato de ContacTo Agua diseñado para acompañar
al planeta en su proceso de evolución conciente
El
punto dos es una magnífica entrega sobre Leonardo
y su relacióncon el agua
1-
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y Mamá Rosa, su maestra Chamana.
Módulo I
Mañana
Teórico Vivencial
Presentación del material
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Manos , Ojos , Pies, Estrellas
Esqueleto Cristal
Resonacia Sacrocraneal.
Sonido de los huesos
Aguas del Cerebro y de la Médula Espinal
Psicografías
Imágenes de Aguamor
Ruedas Mineral, Vegetal y Cósmica
Relación con puntos de la Tierra
12 Puntos de Agua de la Columna Central del Cuerpo Físico
24 Puntos Cristal en la Almendra Energética
Tarde
Práctico Vivencial
Aplicación
Elementos:
Compás, hojas Blancas, Silueta Humana Dibujada
en blanco, Colores, manta, almohadón, Agua Mineral.
Datos:
Nombre y Apellido:
Fecha, Hora y Lugar de Nacimiento:
Correo Electrónico:
Teléfono:
2-
Leonardo y el agua
Leonardo
da Vinci y el agua
Los elementos poseen una función en el espíritu
de Leonardo. Son ante todo materia de experiencia y
de utilidad; sirven para placer y beneficio de los hombres;
constituyen los instrumentos de su actividad. Sin la
tierra, el agua, el aire y el fuego no habría
vida humana posible. La deuda del hombre con los elementos
es, pues, inmensa, e inmenso también el partido
que puede sacar de su empleo. Importa entonces que ese
homo faber que cava la tierra con una azada para depositar
en ella la simiente, que enciende ramas bajo la caza
para asarla, que recoge en una copa de arcilla o recuerda
el agua del arroyo para beber, que llena de aire sus
pulmones con una alegría poderosa, importa que
ese utilizador de los elementos conozca por la experiencia
de qué manera y en qué condiciones le
brindan los mejores servicios.
El
homo sapiens, diestro consumidor y elaborador de los
elementos, se plantea un día una cuestión:
se pregunta cuál es la sustancia de que están
hechos esos elementos, de qué manera su estructura
determina su funcionamiento. Hombre científico,
escruta las relaciones de causa a efecto, imagina leyes.
Añadiendo el conocimiento de los elementos a
su utilización pragmatista, construye para satisfacción
de sus necesidades intelectuales –y no ya de sus necesidades
naturales a la que bastaba la utilización de
los elementos– toda una teoría de la organización
de la naturaleza, de las relaciones que ella implica,
del dominio que ejerce sobre todas las cosas y sobre
todos los seres que participan en la vida de los elementos.
Le es fácil concebir ese mundo elemental desde
el estricto punto de vista material y materialista,
observar mecanismos y examinar su funcionamiento, registrar
y codificar las leyes que ese funcionamiento atestigua
y el hombre razonable, racional, se conforma perfectamente
con ellas. Pero el homo religiosus es más exigente;
su alma tiene otras necesidades que su espíritu.
Siente entre los elementos y su persona, vínculos
distintos de los prácticos y científicos.
Se siente unido a ellos por una especie de filiación
común. Adivina su papel en la creación,
conservación y prolongación de su existencia,
así como la existencia del univer La ingenua
jactancia que inspiraba al homo faber, ni con esa pretensión
de explicarlo todo que constituye el orgullo del homo
sapiens. El homo religiosus se siente muy cerca del
corazón mismo de los elementos, en su ser físico,
se siente tierra, agua, aire y fuego, y al mismo tiempo
en su ser mental se representan esas fuerzas materiales
como más grandes, y
más diferentes. Los elementos son eternos, todopoderosos,
invencibles, el hombre sólo posee una ínfima
parcela de los mismos, conoce la superficie más
delgada de sus cuerpos gigantescos. Dominado por los
elementos, al descubrir que representan, al lado de
algo útil y cognoscible en cierta medida, lo
inasible y
lo ininteligible, reconoce en su naturaleza algo de
la naturaleza de los dioses y los asimila a éstos.
El espíritu de Leonardo participa de esas tres
actitudes: experiencia, razón,
piedad, que corresponden respectivamente a la utilización,
al conocimiento y a la
veneración religiosa. Pero siguiendo el orden
cronológico de esas tres operaciones, sitúa
la experiencia ante todo. "Recuerda comentando
las aguas,
atestiguar primero la experiencia y luego la razón."
No necesita hablar de la piedad; está fuertemente
arraigada en él y dirige todos los movimientos
de su
alma. Sin embargo no antropomorfiza el agua, a la manera
de San Francisco, que le reconocía virtudes humanas.
"Hermana Agua, que eres humilde, útil y
casta..." El Pobrecito veía los elementos
a imagen de su alma seráfica. Leonardo
conoce un agua voraz, nefasta a los hombres, devastadora
de las obras de la civilización: el agua de las
tempestades marinas, de las inundaciones de los ríos,
de las lluvias diluvianas. Ningún pintor expresó
con una vehemencia tan verídica los furores monstruosos
del agua. El visionario y el sabio han intercambiado
sus
experiencias en la composición de esas escenas
de diluvio, de una belleza atroz y fantástica.
El mysterium tremendum, indisociable de casi todas las
religiones,
presta en Da Vinci a la religión del agua la
grandeza de los cataclismos cósmicos.
En todos los dominios de su religiosidad naturista,
Da Vinci experimenta el temblor sagrado; frente a la
naturaleza más que frente a lo sobrenatural que
roza
apenas y en cuyos dominios, por prudencia o desdén,
se niega a aventurarse.
En San Francisco la alabanza del agua se dirige a tres
virtudes, una de las cuales
es de orden práctico y las otras dos de orden
moral. Para el Poverello el agua er útil ante
todo para lavar los pies con costras de polvo de Umbría,
para llevar de la
palma a los labios la bebida vivificante. Leonardo sabe
todo lo que se puede
sacar del agua. El dominio de los elementos, en él,
es total y de una exigencia
despótica, con el agua sobre todo, fácil
de gobernar y someter. El fuego se le
escapa y en vano ha intentado la conquista del aire.
El agua es su elemento
preferido por ser más manejable, quizá,
y de aplicaciones más numerosas, pero
también por otras razones, sin duda. Su natural
sentimiento religioso, que sabía
muchas cosas no aprendidas por su amistad original,
su comunión primordial con
los elementos, celebra en el agua el principio mismo
de la vida. De ahí las
exigencias mayores que le inflige y la devoción
que le consagra, en el primer
lugar a cambio de sus beneficios y también porque
ha reconocido su naturaleza
divina. Como en los seres verdaderamente religiosos
se ven aliados en él la
familiaridad y el respeto, la intimidad naciente de
la comunión y el "sentimiento de
la distancia" que conserva todo verdadero creyente.
Respeta
el agua, además, porque es la "sangre de
la tierra". Su intuición de la
unidad cósmica y su gusto por las analogías
insisten en esa semejanza entre el
hombre y la tierra, uno recorrido por el sistema sanguíneo,
la otra vivificada por la
red de la circulación del agua. Numerosos pasajes
de sus cuadernos y
fragmentos del Tratado del agua que escribía,1
expresan esta idea. "Así como del
estanque de sangre provienen las venas cuyas ramas se
extienden a través del
cuerpo humano, así el océano llena el
cuerpo de la tierra con un número infinito
de venas acuosas..."
En su intención, Leonardo da Vinci comenzaba
el Tratado del agua con
consideraciones sobre la constitución del universo
y con una demostración sobre
la analogía general del hombre y del mundo.
Los antiguos llamaron al hombre microcosmos, y en verdad
este epíteto se le aplica bien. Pues si el hombre
está compuesto de agua, aire y fuego, lo mismo
ocurre con el cuerpo de la tierra; y si el hombre tiene
un armazón de hueso para su carne, el mundo tiene
sus rocas, soporte de la tierra; si el hombre oculta
un lago de sangre donde los pulmones, cuando respira,
se dilatan y contraen, el cuerpo terrestre tiene su
océano que crece y decrece cada seis horas, con
la respiración del universo; si de ese lago de
sangre parten las venas que se ramifican a través
del cuerpo humano, el océano llena el cuerpo
de la tierra con una infinidad de venas acuosas.
¡En lo que concierne al agua, cuánto más
evidente es aun esta antología! El agua que se
oculta en la montaña es la sangre que la mantiene
con vida. Si una de sus venas llega a abrirse, sea en
ella, sea en su flanco, la naturaleza deseosa de ayudar
a sus organismos y de compensar la pérdida de
la materia húmeda que mana, prodiga un socorro
diligente, como lo hace en el lugar donde el hombre
ha recibido un golpe. Entonces a medida que llega el
socorro, se ve afluir la sangre bajo la piel y formar
una hinchazón donde revienta la parte infectada.
Del mismo modo, cuando la vida es cercenada en la cima
de la montaña, la naturaleza envía sus
humores desde sus cimientos más bajos hasta la
extrema altura del lugar despojado, y virtiéndolos,
no la deja privada hasta el fin de su vida del fluido
vital.
Muchas
especulaciones medievales unidas a nociones tomadas
de los filósofos presocráticos se combinan
en estas "visiones" leonardescas con los datos
más nuevos de la ciencia hidráulica del
Renacimiento, pero el principal maestro que ha instruído
a Leonardo, tanto en esta ciencia como en las otras,
es la experiencia; la inteligencia razona más
tarde sobre los fenómenos comprobados por la
observación. Disecando cuerpos de mujeres preñadas,
ha visto el feto bañado en agua, y de ahí
ha confirmado nuevamente su idea primera; la participa
de inmediato a su sabio amigo Marco Antonio della Torre,
a quien dedicará su Tratado sobre el agua, como
se deduce de un pasaje de los Quaderni.2
Las aplicaciones diversas del agua son múltiples
en la "industria" de Leonardo, desde el reloj
hidráulico o clepsidra, y el despertador automático
que saca del lecho al perezoso, hasta la concepción
grandiosa de los canales que ocuparon gran parte de
su actividad, en Milán, en Florencia, en Roma,
en Amboise, es decir, durante todos los periodos de
su vida. La navegación de los ríos mediante
obras en el lecho y las orillas, y la regulación
del caudal se hallan entre sus trabajos favoritos. "Codurre
acqua da un loco ad un altro..."es ya uno de los
talentos de los cuales se jacta en su carta a Ludovico
el Moro.
Entre las actividades del primer periodo milanés
encontramos la realización de vías navegables
muy importantes. Desde el sigloXII la ciudad entera
estaba rodeada de fosos vastos y profundos, alimentados
por los ríos Lura y Seveso que descendían
de las montañas de Come. El Tessino brindaba
también agua al canal llamado el Gran Naviglio,
que la conducía hasta Milán. En el siglo
XIV, por último, la necesidad de llevar los bloques
de mármol de Candoglia hasta Duomo, entonces
en construcción, había motivado la excavación
de otro canal, el Naviglio Nuovo, que concluía
en el pequeño puerto de San Estefano in Brioli.
Como los canales eran de diferentes niveles, fue necesario
instalar un sistema bastante complicado de esclusas
a fin de compensar esta diferencia. Francesco Sforza,
por último, había encargado al ingeniero
Bertola da Navate la construcción de un nuevo
canal que uniera Milán con el Adda; se llamaba
el Naviglio de la Martesana.
[...] Cualquiera creería que ese adorador del
agua iba a sufrir, al punto de no poder librarse de
él, el sortilegio de la ciudad edificada sobre
el agua, hecha de agua y de cielo, de luces y de reflejos.
Se aleja sin embargo, y vuelve a la ciudad de la Azucena.
En Venecia se sentía, sin duda, demasiado fuera
de sí mismo. Florencia, por la ascesis misma
que le impondrá, y por el combate contra el medio,
será más favorable al nacimiento de las
obras que llevan en sí y que verán la
luz durante esa segunda estadía florentina: la
Santa Ana y la Gioconda
Sin
embargo, viéndolo emprender esas obras poco después
de su reinstalación en la ciudad de su adolescencia,
se diría que el paso por Venecia ha estimulado
su gusto por pintar. Los jóvenes venecianos,
Giorgiones sobre todo, ¿han excitado un sentimiento
de emulación, un deseo de alcanzar antes que
ellos lo que descubrió que buscaban? Es posible.
No se dedicará a ser tan sólo un pintor
y ante todo un pintor. El mito del agua, que traza en
la imagen de Santa Ana, se le impone de nuevo bajo un
aspecto práctico y de utilidad inmediata.
Se deja atrapar una vez más por el espejismo
del agua. Los espejos de agua de los lagos y los estanques,
el agua corriente de los ríos y los arroyos lo
fascinan. Para consagrarse a esas tareas de ingeniero
hidráulico abandona las pinturas más cautivantes.
¿Cuánto tiempo pasó en Milán
construyendo los baños de la duquesa, inventando
nuevas máquinas elevadoras y llegando a fabricar
una llave de un modelo sorprendente, destinada a cerrar
el cuarto del baño? Todo lo que se refiere al
agua lo requiere y lo mantiene prisionero, porque le
gusta participar así en el poder bienhechor del
agua, bañarse en el elemento de la vida y de
la resurrección. Los florentinos, en guerra con
Pisa, quieren cortar los convoyes de víveres
y de municiones que avituallan por agua a sus enemigos;
se ofrece de inmediato a realizar una idea que se le
ha ocurrido, tan ambiciosa de parte de otro hombre que
sería tomada por una quimera: la desviación
del Arno.
Los magistrados del Palazzo Vecchio menean la cabeza:
fantasía de artista, sin duda, extravagancia
de imaginativo. Con los números en la mano, desplegando
mapas, explicando los perfiles del terreno, desarrolla
su programa, y lo que parecía a primera vista
insensato, resulta bajo su mano de una docilidad sorprendente;
se diría que los elementos no pueden menos que
obedecerle. Durante semanas y meses recorre la comarca
haciendo anotaciones, dibujando montañas y valles,
sondeando el lecho de los ríos, estudiando la
naturaleza de los terrenos. Se le ha ocurrido la idea
de hacer de Florencia un puerto de mar a fin de evitar
que dependa de Pisa o de Livurno para su tráfico
marítimo. Para ello es preciso hacer navegable
el Arno por medio de canales y esclusas que permitirán
evitar los pasos peligrosos o infranqueables. A su entender,
la gran corporación lanera, I´arte della
lana, la más interesada en el libre paso de las
mercancías para la importación y la exportación,
se beneficiaría financiando el negocio
En efecto, lo que propone Leonardo es un negocio. De
una ojeada ha visto cómo el asunto podía
dar renta; los barcos pagarían peaje y los ribereños
pagarían por su parte el derecho de tomar agua,
¡Un negocio maravilloso! L´arte della lana
facci il naviglio et pigli asi I´entrata ... se
lee en el Codex Atlanticus.3 Los fondos necesarios serán
colosales, es cierto, pero los beneficios corresponderán
a los anticipos; basta atreverse. Y además, ¡qué
manera de aplastar a Pisa, qué manera de cortarle
su camino al mar y desviar todo el tráfico comercial
con el que se enriquece!
Primero concibió la empresa como una operación
militar; los primeros dibujos datan verdaderamente del
periodo que pasa en el campo florentino, delante de
Pisa, en 1503. Económicos y prudentes por lo
común, los florentinos son capaces de estusiasmarse
con una obra de tan vasta envergadura. Ya no consideran
un visionario, un charlatán o un estafador a
ese hombre que les ofrece un tesoro, pues en sus notas
personales del Codex Atlanticus y en sus conversaciones
con los priores de I´arte della lana emplea la
palabra tesoro; y enumera para justificar esta palabra
demasiado ruidosa todas las industrias que funcionarán
gracias a las máquinas hidráulicas: los
acerraderos, los molinos, las papelerías, las
fábricas de pólvora, las hilanderías,
las armerías ... Ve elevarse ciudades nuevas
en las orillas de los canales y del nuevo curso del
Arno, populosas, activas, rumorosas de oficios, y las
hace ver a los graves magistrados que menean la cabeza
todavía, pero con benevolencia ahora y calculando
su ganancia. ¡Que alegría poderosa le proporcionan
esas concepciones gigantescas, a la medida de su genio
multiforme! Así como Miguel Ángel hubiera
soñado que le daban una montaña para esculpir,
modelador más que escultor, Leonardo lleva su
ambición hasta el cambio completo de un país
gracias a su habilidad y a su trabajo.
¿Es una alegría más grande y más
plena que la que le proporciona la pintura de una obra
maestra? Me pregunto si en el fondo de sí mismo
no sentía la necesidad de una alternancia entre
esa introversión del artista que crea siempre
en el interior de sí mismo, aun cuando proyecte
su creación en el cuadro, y la extraversión
del ingeniero, del "manual" que se satisface
con el legítimo contentamiento de haber operado
con sus propias manos, como se dice, si no encontraba
un equilibrio necesario en la satisfacción de
reinvidicaciones tan distintas de su personalidad. No
hay, en efecto, un momento en su vida en que no le encontremos
ocupado simultáneamente en alguna obra de arte,
en algún trabajo de "utilidad pública",
y en algún estudio científico gratuito,
exento por lo menos de finalidad inmediata y aplicación
práctica. Las tres actividades corren parejas
siempre en él, y por eso es indispensable, si
queremos asir entre las manos a ese Proteo de cien caras,
examinar al mismo tiempo las múltiplesexpresiones
de su dinamismo creador. Un artista ante todo, ya lo
creo, pero no sólo un artista sino más
bien un artista en todas las artes y también
se designaban con este nombre los oficios en la Florencia
del siglo xv, en las cuales se ejercita por curiosidad.
No curiosidad de dilettante, es preciso decirlo. Si
su curiosidad se dirige al funcionamiento del universo,
en todos sus aspectos, es para actuar mejor y con más
eficacia. Conocimiento y poder: no los disocia nunca.
El conocimiento del agua le brindará poder sobre
el agua.
Si se quiere saber qué desarrollo deseaba dar
Leonardo a sus estudios de hidráulica, a falta
del Tratado del agua que deseaba escribir, parte del
cual se encuentra, fragmentariamente, en su manuscrito,
basta examinar el plan de ese tratado, y la enumeración
de las materias que serían examinadas en él:
se encontrará en ese plan y el sumario de los
capítulos en los Codex F e I de la Biblioteca
del Instituto. Ya la sola enumeración de los
temas da vértigo. Para que no pueda surgir ningún
equívoco en el ánimo del lector, Leonardo
establece primero el sentido de las palabras que empleará;
las definiciones que da de los términos más
corrientes, como fuentes, ribazos, pozos, son de una
precisión admirable. ¿Qué actitud
más científica que la de determinar, antes
de todo examen, el peso y la extensión de los
términos que se usarán?
Cuando abordamos, después, las proporciones y
las conclusiones relativas al agua que constituyen,
probablemente, temas de capítulos, la asombrosa
presentación de ese espíritu capaz de
abrazar, hasta en las más minúsculas diferenciaciones,
todo lo concerniente al agua, nos hace seguir, pulsación
por pulsación, el funcionamiento de su inteligencia
admirable. ¿Cómo abreviar aquí
esos resúmenes tan densos y tan compactos? Se
los encontrará principalmente en el manuscrito
Leicester..
Cómo los grandes animales hollan los lechos de
los ríos y de los fosos, de donde escapan aguas
fangosas que abandonan el suelo de donde se demoraban.
Cómo pueden construirse así canales en
países llanos. Cómo apartar la tierra
de
los canales obstruidos de fango, abriendo compuertas
a las cuales el canal imprime un movimiento ascensional.
Cómo hacer rectilíneos los ríos.
Cómo impedir que los ríos se lleven los
bienes de la gente
Continúa siguiendo con su pequeña letra
fina, graciosa, nerviosa y violenta el camino de sus
pensamientos que salta de un tema al otro, elaborando
mil variaciones sobre el único tema del agua
...
Cómo mantener los lechos de los ríos.
Cómo mantener los ríos. Cómo reparar
las riveras deterioradas. Cómo regularizar el
impulso de los ríos para aterrar al enemigo,
de suerte que no pueda irrumpir en sus valles y perjudicarlos...
Creería escucharse el monólogo a media
voz de un hombre que sueña despierto y que ve
pasar prodigiosas imágenes. En Leonardo, en efecto,
todo toma forma de imagen. No es concepto abstracto.
Todo es forma y movimiento. Todo es experiencia y contacto
inmediato. Se creería que su misma inteligencia
piensa por sus sentidos, ve y describe lo que se presenta
a su observación como si tuviera entre los dedos
los pinceles o la arcilla de modelar. Todas sus consideraciones
científicas son de tres dimensiones.
...Cómo deberá ramificarse el río
en pequeños brazos para que tu ejército
pueda cruzarlo. Cómo hacer vadeables los ríos
para los caballos, a fin de que puedan proteger a la
infantería contra el impulso furioso del agua.
Cómo, mediante odres de vino, un ejercito pueda
cruzar un río a nado. Cómo las orillas
de todos los mares que se tocan tienen la misma altura
y constituyen la parte más baja de la tierra
en contacto con el aire. Sobre la manera de nadar de
los peces. Sobre la manera de lanzarse fuera del agua,
como puede verse en los delfines, pues parece maravilloso
saltar sobre una cosa que no es estable sino escurridiza
y fugitiva...
Y así continúa, en una abundancia prodigiosa
de imágenes y de ideas de las cuales ningún
otro hombre, sin duda, es capaz.
Los remolinos, la lluvia, las olas, los diferentes movimientos
del agua, los medios de calcular su rapidez, la naturaleza
de las aguas estancadas, todo es estudiado con la misma
amplitud de mira en el conjunto, con la misma precisión
atenta en el detalle. Y una vez sabido todo, busca todavía
a quién interrogar para aprender algo más
o por lo menos para conversar sobre su elemento favorito.
"Hablar del mar con el genovés..."
¿Y si ese genovés fuera Cristóbal
Colon? ¡Qué diálogo entre el pintor
de la Virgen de las rocas y el Navegante!
En esa inmensa inquisición del agua que lo arrastra
a todos los dominios posible, se cuida de olvidar el
reino subterráneo, fuente de prodigios maravillosos,
mundo de terrores y de revelaciones sublimes. Brotando
de la tierra, retornando a la tierra, el agua realiza
su prodigioso periplo del universo visible. En un pasaj
inaudito del Codex Atlanticus, sigue con el pensamiento,
con la mirada y sumido por completo en las olas tenebrosas,
esa oculta navegación. Está como en trance.
La solemnidad de la frase, la gravedad espantada del
ritmo, ese murmullo que se acerca al mysterium tremendum,
que lo conmueve, presta al texto una belleza sobrenatural.
La misma causa que en todos los cuerpos vivientes opone
los humores a la ley natural de la gravedad, mueve también
a través de las venas de la tierra el agua prisionera
en ella, y la distribuye por estrechos conductos; y
así como la sangre asciende desde abajo y fluye
en las venas cortadas de la frente, así como
el agua se eleva de la parte inferior de la viña
hasta el punto en que la rama ha sido podada, así,
desde las bases más profundas del mar, el agua
alcanza las cimas de las montañas donde, a al
encontrar las venas abiertas, se derrama por ellas y
retorna al mar. Así va, por dentro, por fuera,
siempre cambiante, ya elevándose por un movimiento
fortuito, ya descendiendo nuevamente en la libertad
natural...
Marcel
Brion
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